el oscuro momento del escritor

“Jotabeche” y los mercenarios argentinos

Pedro León Gallo se refirió a Jotabeche como “eximio tribuno, poeta y escritor”, pero también dio luces de un tremendo episodio en 1851: “se escondió en el puerto de Caldera cuando estalló el movimiento insurreccional; y para escapar a las iras populares como les fue preciso, secundado por los empleados superiores de la Empresa del Ferrocarril, entonces en vías de terminarse, se disfrazó y tomó en las altas horas de la noche un bote, haciéndose enseguida al mar, en donde voltejeando a alguna distancia de la costa, estuvo largos y angustiosos momentos esperando avistar el vapor de la compañía inglesa para guarecerse a bordo de éste, el que debía de un instante a otro llegar viniendo del sur de Chile; así sucedió, e instalándose entre la cuadrilla de los carboneros del buque, y burlar las pesquisas que a su bordo hicieron los sublevados, ansiosos de aprenderle, mientras el vapor permaneció fondeado en la rada de Caldera. El vapor le condujo hasta uno de los puertos del Perú, en donde se tocaban entonces los buques de la compañía del Pacífico, que manejaban y navegaban nuestros mares; Vallejo se trasladó del barco en que iba, al que se dirigía a Chile, y desembarcó en Caldera, sometido ya a la autoridad pública”.

La situación fue así, los habitantes Coquimbo y Atacama se encontraban en plena revolución, especialmente en Combarbalá, Ovalle, Elqui y Huasco. La ciudad de La Serena, fue la elegida por la “Sociedad Patriótica” y los líderes de la “Sociedad de la Igualdad” para establecer una “resistencia” al gobierno chileno. La ciudad fue sitiada por el ejército chileno, la Armada chilena, la británica y, finalmente, un ejército de mercenarios argentinos enviados desde Copiapó.

Estas tropas de Jujuy, organizadas por “Jotabeche”; no sólo las envió a La Serena para acallar a los revolucionarios, también facilitó a mil hombres hasta Copiapó para enfrentarse a los ciudadanos. Este grupo de mercenarios se llamaba “Los Carabineros de Atacama”.

Chañarcillo, el lugar más convulsionado luego de La Serena, se había revelado completamente frente a los dueños de minas y de tiendas. Fue Jotabeche, el encargado de despachar a más de 100 hombres de infantería y caballería.

Antes, criminalizó a los obreros, diciendo que no eran más que “bandidos de Chañarcillo”. Como escritor, periodista y empresario fue muy querido en Atacama, pero la represión contra su misma gente terminó por darle el carácter de odiado al finalizar su vida.